Los tres casos contemplados de violaciones de este artículo tienen que ver con el asesinato de personas discriminadas por su diversidad funcional a manos de familiares suyos. Un padre de 79 años que mata a su hijo con diversidad de 51 y luego intenta suicidarse, y un hombre de 66 años que mata a su hermana con diversidad de 75 y luego se suicida.

En ambos casos los asesinos tenían a su cargo a los asesinados, lo que demuestra un flagrante y contumaz fracaso de los servicios sociales cuya misión debe ser mantener a las personas con diversidad funcional en la comunidad, haciéndolas visibles, respetadas y amparadas. Se da pues una violación culposa del artículo 19 (Vida en Comunidad), además del artículo 10.

Mientras sean las familias las encargadas de soportar la carga de la discriminación por diversidad funcional y la sociedad no provea de servicios de asistencia personal suficientes para llevar una vida independiente a estos conciudadanos, es previsible que esa insoportable carga siga costando más vidas, mientras las administraciones y la sociedad miran para otro lado.

El caso restante afecta a dos personas mayores que murieron por un golpe de calor abandonadas en el interior de una furgoneta por el director de una residencia que se olvidó de que estaban allí. El infractor, director de la residencia a la que acudían las personas mayores, se declaró responsable de su “olvido”.

Mientras seamos tratados como paquetes en el transporte y abandonados como tal, por unas políticas sociales que priman el encierro y el trato masivo, en lugar de la asistencia personal, episodios de este tipo se seguirán repitiendo.

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