El Estatuto General de la Abogacía (R.D. 658/2001 de 22 de Junio) proclama en su Art. 1-1:

La abogacía es una profesión libre e independiente que presta un servicio a la sociedad en interés público y que se ejerce en régimen de libre y leal competencia, por medio del consejo y la defensa de derechos e intereses públicos o privados, mediante la aplicación de la ciencia y la técnica jurídicas, en orden a la concordia, a la efectividad de los derechos y libertades fundamentales y a la Justicia.

La abogacía se ha transformado completamente en los últimos veinte años.
Apenas queda ya nada del Abogado con lustros de experiencia y despacho unipersonal con uno o dos pasantes. Esto ya es historia. Se hizo ineludible la especialización y la colaboración. Hasta aquí nada que objetar.

La exacerbación de este fenómeno ha tenido dos consecuencias muy dañosas:
El primer grito de alarma lo dio Alejandro Nieto en el año 2003 en un artículo publicado en la Revista “Lex Nova”, titulado “La explotación del Abogado por empresas de Abogados” en el que describía y lamentaba la despiadada deriva de la profesión.

Mucho más recientemente (2012) Niall Ferguson, en su obra “La gran degeneración: como decaen las instituciones y mueren las economías” denuncia como una de las causas del declive actual de Occidente, lo que denomina “El Imperio de los Abogados” que ha venido a sustituir al Imperio de la Ley, mediante la utilización de toda clase de artimañas contrarias a la Justicia y a la buena fe procesal.

Encontramos, entre los Abogados, profesionales que se adscriben a la TRIBU A (en franco decrecimiento) y otros a la TRIBU B (en franco crecimiento).
Lo que resulta claro es que la apelación de los viejos maestros de Deontología – “Si en el ejercicio profesional ves que se la Ley se enfrenta a la Justicia” ¡Pelea por la Justicia!” – encuentra cada vez menos servidores.

En este punto, he recibido con extraordinaria satisfacción la noticia del nombramiento de Alberto Mata Rodríguez, Abogado de Gomez-Acebo & Pombo, que ejerce en EEUU, como “mejor letrado joven del año”. Se trata de una convocatoria a nivel mundial.
Lo relevante para mi es que el galardón se ha otorgado teniendo muy presente “su compromiso ético” y su altruista asistencia a grupos desfavorecidos.

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