Es “por eso” que busqué las soluciones que la sociedad esperaba….

Esta podría ser la contestación de la protagonista del vídeo. Alguien a quien por su diversidad funcional la sociedad le cuelga una etiqueta de la que, no sólo es difícil desprenderse, sino que condiciona toda tu vida.

La protagonista del video lucha por el hecho gravemente discriminatorio de nuestro sistema educativo, las mal utilizadas y entendidas “adaptaciones curriculares” que lejos de ser el vehículo transformador y facilitador que deberían ser conforme al espíritu de la Convención de Derechos Humanos de las Personas con Discapacidad de la ONU, y conforme a los planteamiento de derechos fundamentales de nuestra Carta Magna, se convierten sin embargo en el caramelo envenado para los alumnos con diversidad funcional, que logrando concluir sus estudios de Secundaria, ven como no comparten los mismos derechos que sus compañeros a la hora de titular.

Es esta sin duda una de las mayores perversiones de nuestro sistema educativo, a iguales resultados, diferentes finales.

Si tenemos en cuenta que nuestro sistema educativo “alardea” de ser inclusivo, debemos por tanto reflexionar sobre el tema. Como puede ser inclusivo un sistema que “adapta contenidos y currículo” para facilitar los mismos logros y que después deja en manos de criterios subjetivos del equipo orientador la titulación del alumno con diversidad funcional. Criterios que por otra parte, siempre concluyen con la NO titulación.

Ese título, no “permitido” que no es lo mismo que “no conseguido”, cierra las puertas del sistema educativo al alumno, pero también cierra las puertas de toda futura promoción posible. En definitiva, por si acaso el alumno no había sido debidamente “diferenciado” por el sistema, este vuelve a indicarle cual es la puerta para salir del mismo.

Uno de los grandes problemas existentes hoy en día en nuestra sociedad con respecto al colectivo de personas con diversidad funcional, es la falta de reconocimiento social como colectivo en riesgo de exclusión social.

La etapa escolar para las personas con diversidad funcional, sólo es el inicio de esa exclusión. Una exclusión sobre la que desgraciadamente, poco o nada, está dispuesta a reflexionar nuestra sociedad. Y cuando hablamos de reflexionar lo hacemos desde una visión social, desde un planteamiento de igualdad y de derechos humanos. Un niño con diversidad funcional, es antes que eso, niño, y antes que niño, ser humano, con la misma dignidad.

Pero volvamos a la protagonista de este cortometraje, por si fuera poco tener que plantarle cara a la sociedad (representada en ese tajante funcionario, con esa obsoleta actitud) por no tener “el título” concreto y especifico, que insistimos le ha sido negado por los mismos que se lo solicitan, tiene que aguantar los estereotipos y convicciones de “no sería mejor para ti peluquería”.

¡Basta ya! Dejemos al ser humano crecer y realizarse a su libre albedrio, con los ajustes y necesidades que como sociedad responsable, tolerante, justa y democrática, debemos proporcionar.

Vemos al final del cortometraje que la protagonista “busca” el título necesario para poder continuar con su vida. Tal vez alguien podría pensar, ha decidido “delinquir o engañar” para conseguir el título. NO, ha decidido, darle a sociedad “lo que necesita” para hacerse protagonista absoluta de su propia vida.

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